Con puntualidad asombrosa, a las 00,00 horas, justo en el gozne del ayer y el hoy y del hoy y el mañana, Matías recibe en su blog el mismo comentario-advertencia de su esposa Adela:
– Matías, cuídate de los fantasmas de internet.
Y todas las noches Matías teclea la misma respuesta:
– Adela, querida, veo que no has cambiado nada: sigues con las mismas aprensiones que en vida.
Etiqueta: prep
1.589 – Segunda chance
Diez años después, todavía él lamenta aquel beso que no dio. Ella, en cambio, gastó una fortuna en terapia para superar su indiferencia. Hoy siguen solos.
Un encuentro casual en el subterráneo les regalará una nueva oportunidad. Sin embargo, ella sólo sonreirá y le contará que está muy bien, que ahora vive en Burzaco. Y él pensará que ella está mucho más linda que en sus recuerdos, pero solo atinará a decirle que fue una alegría encontrarla, que hacía mucho tiempo que no se veían. No se animará a pedirle un número de teléfono, y mucho menos a robarle un beso.
Ella abandonará el subterráneo en la estación Callao, aunque debía bajarse en Malabia, y sus ojos se humedecerán mientras suba la escalera mecánica. Desconcertado, él continuará su viaje hasta la terminal. Se justificará pensando que ella seguramente debe tener pareja, y que Burzaco queda bastante lejos.
Martin Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/06/segunda-chance.html
1.588 – Los lugares
Mi memoria es espacial, recuerdo a las personas si me las encuentro en el lugar al que pertenecen. Al carnicero sólo le reconozco de uniforme, detrás de su mostrador de mármol sonrosado, entre costillares, piezas de carne y cochinillos lívidos. Al vendedor de periódicos si está en su kiosco, enmarcado por la colorida maraña diaria de titulares y revistas para adultos. Encontrarme, por ejemplo, al zapatero en el videoclub me sume en el más absoluto de los desconciertos.
A mis vecinos los identifico sin dificultad en el portal del edificio, o en un par de manzanas a la redonda. Superado ese perímetro, resultan para mí perfectos desconocidos.
Es como si necesitara del marco para reconocer el cuadro.
Esta particularidad me causa graves inconvenientes. Cuando me cruzo a cualquiera de ellos en otro lugar de la ciudad, parque o transporte público, lejos de sus contextos habituales, jamás les saludo. Sé por la portera que toman mi incapacidad por altanería o simple falta de educación.
Lo mismo sucede con los grandes acontecimientos de mi vida.
No recuerdo el final de las películas, pero sí la fila y el número de la butaca desde la que las vi. No recuerdo a la adolescente que me besó por primera vez, pero sí el cuarto de baño de la discoteca de provincias donde sucedió. He olvidado de qué hablaban las líneas que me conmovieron de aquella magnífica novela, pero recuerdo perfectamente que estaban en página impar. De la muerte de mi abuela recuerdo las dimensiones exactas del tanatorio, el verde tornasolado del mármol en las paredes y las cortinas de cretona, levemente arrugadas. Y recuerdo también a la perfección el comedor del hotel de carretera donde mi mujer me dijo que ya no podíamos seguir juntos, pero, si me lo preguntan, he olvidado por completo en qué quedó aquella conversación.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.587 – Todo se achica
1.586 – Espacio
Escribí un relato de tres líneas y en la vastedad de su espacio vivieron cómodos un elefante de los matorrales, varias pirámides, un grupo de ballenas azules con su océano frecuentado por los albatros y los huracanes, y un agujero negro devorador de galaxias.
Escribí una novela de trescientas páginas y no cabía ni un alfiler, todo se hacinaba en aquella sórdida ratonera, había codazos y campos minados, multitudes errantes que morían y volvían a nacer, cargamentos extraviados, hechos que se enroscaban y desenroscaban como una tenia infinita, los temas eran desangrados a conciencia en busca de la última gota, no prosperaba el aire fresco, se sucedían peligrosas estampidas formadas por miles de detalles intrascendentes, el piso de este caos ubicuo y sofocador estaba cubierto con el aserrín de los mismos pensamientos molidos una y otra vez, los árboles eran genealógicos, los lugares, comunes, y las palabras, pesados balines de plomo que se amontonaban implacablemente sobre el lector agónico hasta enterrarlo.
Ángel Olgoso
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012
1.585 – Pizca de sal
A ver, señora jueza, usted me va a entender… ¿Sabe su señoría el tiempo que se lleva una en la cocina para hacer unos buenos pimientos rellenos?… Para empezar, hay que ir al mercado a escoger los más rojos y hermosos. Hay quien los prefiere verdes, pero a mí me gustan rojos, que salen más dulces… Luego hay que asarlos, con cuidado para que no se cuezan. Quitarles la piel y desvenarlos. En eso ya se fue media mañana.
Hay que conservarlos en un paño húmedo mientras se prepara el relleno. Así que se pone un kilo de carne picada en una cazuela, con su chorro de aceite, cebolla picada, dos ajos enteros, tomate picado, patata en cuadraditos, zanahoria muy pequeñita, un puñado de pasas, tres rodajas de piña en almíbar en trocitos, perejil, apio y un par de chiles o guindillas enteras, sólo para dar gusto.
Esto, señoría, se lleva su hora larga de preparación, y otra más al fuego.
Luego viene la salsa. Porque, claro, una nos los sirve así, sin gracia. Se hace a base de nata espesa y queso curado, con un chorrito de vino blanco y un suspiro de pimienta blanca. Al final, cuando se quita del fuego, hay que agregar las nueces picadas.
Entre rellenar los pimientos, meterlos al horno diez minutos, disponerlos en la fuente para llevar a la mesa, bañarlos con la salsa muy caliente y adornarlos con granos de roja granada, llegó la hora de sentarse a comer, sin un respiro.
Y todo, ¿para qué?… Para que venga el zoquete de mi marido y diga: «A esto le falta una pizca de sal…».
¿Acaso usted no le habría reventado la cabeza con el plato de pimientos?… ¡Vamos!… ¡Y tan a gusto que se queda una!…
Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de Sal.Trama Editorial 2012
1.584 – Las manchas
1.583 – Una belleza sobrenatural
En la mesa de al lado merendaban un feo y una fea de mediana edad. Si la fealdad de cada uno, aisladamente considerada, era cruel, la suma de las dos resultaba inhumana. Tan feos eran que no se podía dejar de mirarlos. Pero ellos, enfrascados en su conversación, permanecían ajenos a la curiosidad de los clientes y camareros de la cafetería. Daban la impresión de vivir dentro de una burbuja que los aislaba del mundo. Tanto era así que cuando me sirvieron el gin-tonic cambié descaradamente de silla para observarlos y escucharlos mejor. Pensé que si su conversación resultaba tan intensa como sus rostros, el momento sería inolvidable. Hablaban de un jugo adhesivo que segregan las patas de las salamanquesas gracias al cual pueden correr por las paredes y los techos como si la fuerza de la gravedad no fuera con ellas. La fea aseguraba haber visto esa madrugada en la tele un documental sobre patas.
-¿Sobre patas? -preguntaba el feo.
-Sí, sí -decía ella-, un documental sobre las patas de las moscas, de las cucarachas y del cangrejo de mar. También del ciempiés.
Me gustan mucho los cangrejos de mar, por lo que me molestó que los colocara en el mismo contexto que a las cucarachas y a las moscas. Para quitarme el mal sabor de boca di un trago que me supo a chinche. Mi padre decía que la ginebra sabía a chinche, aunque jamás había probado uno de estos animales. Yo también sé a qué sabe el curocromo sin haberlo bebido. Rarezas del gusto.
-Soy muy partidario de las cucarachas -dijo el feo.
-¿Hasta dónde de partidario? -preguntó la fea.
-Hasta el punto -dijo él- de que no me importaría tener por presidenta del Gobierno o de reina a una cucaracha.
-Tendría que ser una cucaracha enorme -dijo la fea. -Claro, de nuestro tamaño -dijo él.
Entonces la fea se ruborizó, como si el feo la acabara de piropear. Y en ese instante, milagrosamente, ambos devinieron en dos seres de una belleza sobrenatural. Tuve que pedir otro gin-tonic.
Juan José Millás
Articuentos completos. Seix barral – 2011
1.582 – Casa de muñecas
La niñita abre el regalo de cumpleaños con entusiasmo y rapidez, la misma rapidez con la que despliega la casita donde encuentra reproducidos en primorosa miniatura, al perro en el jardín, después la puerta de entrada, la sala con la televisión encendida, unas escaleras que suben hasta los cuartos, el cuarto grande familiarmente desordenado, pero también el pequeño, el mismo cuarto en el que ella coge entre sus dedos a sus padres que la miran felices, nerviosos y, finalmente, aterrorizados con tan peligroso juguete.
Felix Terrones
http://nalocos.blogspot.com.es/2013/04/felix-terrones-y-2.html
Foto: Emmanuelle Terrones
1.581 – Retirada
La larga fila de soldados cruzaba la estepa rusa, totalmente cubierta de nieve. El frío era terrible y el viento azotaba sin piedad los rostros de millares y millares de soldados, que de dos en fondo, se batían en retirada. La fila se perdía en el infinito y caminaba lenta, muy lentamente. De vez en cuando, un desgraciado caía en redondo, junto a la fila, muerto de fatiga, de hambre, de frío. Nadie se inmutaba, nadie le socorría. La fila seguía inexorablemente su marcha. Un soldado, bajo de estatura, abandonó momentáneamente la fila y se arrodilló para apretarse las cintas de sus botas. Terminada la operación, quiso integrarse en la fila, pero los compañeros se lo impedían. «Atrás, te pones en la cola…!», le gritó uno. Tuvo que esperar catorce horas para agregarse a la cola de la larga fila. Ya para entonces se le habían congelado los dos pies.

