Había perdido en la guerra brazos y piernas. Y allí estaba, colocado dentro de una bolsa con sólo la cabeza fuera. Los del hospital para veteranos se compadecían mientras él, en su bolsa, pendía del techo y oscilaba como un péndulo medidor de tragedias. Pidió que lo declarasen muerto y su familia recibió, un mal día, el telegrama del Army: “Sargento James Tracy, Vietnam, murió en combate”. La madre lloró amargamente y pensó para sí: “Hubiera yo preferido parirlo sin brazos ni piernas; así jamás habría tenido que morir en un campo de batalla”.
Mes: agosto 2009
El suicida
A la altura del sexto piso se angustió: había dejado el gas abierto.
José María Peña Vázquez
De como responder bien a las malas preguntas
Aquella mujer cogió su tristeza, la dobló cuidadosamente, la metió en la bolsa de la basura, cerró la bolsa —no sin alguna dificultad, puesto que no todas las tristezas caben en una bolsa de basura de tamaño normal—, salió a la calle y tiró la bolsa en el contenedor.Diccionario del diablo
Hurí, s. Atractiva señora que habita el paraíso mahometano, alegrando las horas del buen musulmán, cuya creencia en las huríes es síntoma de un noble descontento con su esposa terrestre que, según él, no tiene alma. Se dice que las esposas no aprecian a las huríes.
Ambrose Bierce
Tatuaje
Cuando su prometido regresó del mar, se casaron. En su viaje a las islas orientales, el marido había aprendido con esmero el arte del tatuaje. La noche misma de la boda, ante el asombro de su amada, puso en práctica sus habilidades: armado de agujas, tinta china y colorantes vegetales dibujó en el vientre de la mujer un hermoso, enigmático y afilado puñal.
La felicidad de la pareja fue intensa, y como ocurre en esos casos, breve. En el cuerpo del hombre revivió alguna extraña enfermedad contraída en las islas pantanosas del oeste. Y una tarde, frente al mar, con la mirada perdida en la línea vaga del horizonte, el marinero emprendió el ansiado viaje a la eternidad.
En la soledad de su aposento, la mujer daba rienda suelta a su llanto y a ratos, como si en ello encontrase algún consuelo, se acariciaba el vientre adornado por el precioso puñal.
El dolor fue intenso, y también breve. El otro, hombre de tierra firme, comenzó a rondarla. Ella, al principio esquiva y recatada, lentamente fue cediendo terreno. Concertaron una cita; y la noche convenida ello lo aguardó desnuda en la penumbra del cuarto. Y en el fragor del combate, el amante, recio e impetuoso, se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.
Ednodio Quintero
Conversión
Alicia atravesó el espejo y sonrió encantada. Por fin había dejado de ser zurda.
Luis Felipe Hernández
A Juan…
A Juan le gustaban los rituales. Aunque disfrutaba de vacaciones, se levantaba siempre muy temprano. Enchufaba la cafetera, cogía una galleta y abría todas las ventanas.
El portátil se despertaba. En la pantalla la película a medio ver de la última noche y el correo.
En primer lugar, leía el cuento diario que le mandaba un tipo llamado Carlos. Estuvo tentado, pero nunca llegó a borrarlos.
Luego, podía empezar a vivir ese día.
Juan Carlos Pacheco
El carpintero
Orlando Goicoechea reconoce las maderas por el olor, de qué árboles vienen, qué edad tienen, y oliéndolas sabe si fueron cortadas a tiempo o a destiempo y les adivina los posibles contratiempos. Era de noche…
Era de noche y me encontré al poeta: estaba tiritando de inédito.
Generador de cuentos
Un escritor muy gandul programó su ordenador para que escribiera cuentos de cien palabras al azar, sin tener que pensar por sí mismo los argumentos. Éste fue el primer cuento que produjo automáticamente, y él se quedó estupefacto, pues relataba justamente su situación. Pensando que su generador de cuentos predecía el futuro, fue haciéndole crear historias y más historias, pero el resto fueron estúpidos relatos: amores y desamores de gente inventada, que ni siquiera tenían calidad para ser publicados. Y eso que aquí ya se le advertía de que no serviría, y de que debería volver a imaginar. ¡Qué tonto!
Jordi Cebrián