De niña, sostuvo la agonía de un pájaro en su mano.
Muerta el ave, en los dedos siguió sintiendo el corazón del animal en el alado unirse con la nada.
Algunas tardes, en las luces más tenues de la ancianidad (aquellas que ni siquiera trazan sombras), abría las ventanas esperando un vuelo inalcanzable.
Autor: carlos
3.354 – Banquete
El dragón se va dando vuelta hasta poder morderse la cola, hasta masticársela con fruición, hasta comerse con la lentitud del mejor degustador del mundo. Pero no es hasta el momento en el que ya tiene la mitad de su cuerpo dentro de su boca que decide estornudar en un estallido de fuego que lo deja en el punto justo de cocción para terminar como se debe aquel banquete caníbal.
Alejandro Bentivoglio
3.353 – Inapelablaciones
3.352 – Las voces
En esta curva me maté yo, dijo la voz, y el conductor se volvió, perdió el control y el coche se estrelló en llamas y muerte. Las voces aplaudieron, y pese a lo conocido de la táctica admitieron de buen grado a la voz jovencita entre ellas.
Espido Freire
Antología del microrelato español (1906-2011). Ed. Catedra.2012
3.351 – Cuento
No la encontró esta mañana al despertar. ¡Qué inmenso le pareció el lecho, con la mitad vacía! Era la segunda vez que lo abandonaba, ¿por qué? El silencio le pesaba como un fardo y la soledad echaba hacia delante sus hombros; se asomó al cuarto contiguo, y ahí la encontró, blandamente recostada en el sofá. Alzó la cabeza y lo miró con ojos interrogantes; pero su resentimiento era demasiado grande para decirle una palabra, un reproche. El la miró triste y largamente y con el mismo silencio en los labios y en el corazón, fue a preparar el café, su café cotidiano y reconfortante, que bebió lentamente con el alma y el cuerpo encogidos. Nuevamente volvió hacia donde estaba y la contempló: ahora dormía plácidamente, sin la menor inquietud, ni la menor preocupación. ¡Cómo le lastimó su indiferencia! Empezó a sentir un hueco dentro de su ser, que se iba agrandando por momentos, hasta no caberle en el cuerpo. ¿Por qué lo rehuía? ¿Por qué había pasado la noche en la otra estancia, cuando siempre al entregarse al sueño en dulce y apacible refugio, se comunicaban mutuamente su calor, después de un día de fatiga? Pero no; no le hablaría, no le diría nada, se marcharía a su trabajo calladamente; de alguna manera tenía que hacerle sentir su resentimiento; el pecho se le hundía y las imágenes temblaron ante sus ojos deformadas por sus lágrimas. ¡No le hacía falta a ella, no le hacía falta a nadie! Se dirigió hacia la puerta, mas se contuvo: ¿y si no era tan culpable? Tal vez había sido un capricho, un femenino capricho como tantos otros. No ignoraba su nerviosismo. Se tornaba quebradiza y a veces era casi temeraria. ¿Cómo podía saber qué sombra había pasado por su cerebro, obligándola a alejarse; o acaso inconscientemente la había ofendido? ¿Por qué no comprenderla? Se volvió a acariciarla. Entonces ella movió su cola y tímidamente lamió sus manos.
Ana María Espinoza Monteverde
3.350 – Inesperada tragedia tras sorprendente éxito
El éxito logrado por el bombardeo programado y continuo de libros de autoayuda sobre la nausea existencial hizo que, eufóricos, los deprimidos del mundo arrojaran sus píldoras antidepresivas por las tazas de los váteres.
Al día siguiente millones de cadáveres de peces y de buzos aparecieron flotando panza arriba en océanos y ríos, lo que causó la reaparición revisada y aumentada de la citada nausea y el aumento de la venta de libros de autoayuda y del consumo de antidepresivos; sobre todo entre los seguidores de peces y buzos.
Jesús Alonso Ovejero
3.349 – Diván
La hormiga neurótica del hormiguero acudió durante bastante tiempo al sicoanalista. Se quejó de su destino, culpó a sus progenitores de ser como era y a todos los dioses de la tierra por no haber sido una mariposa. Cuando el sicoanalista le dijo que la solución a su neurosis era aceptar la vida tal y como era, se sintió íntimamente estafada. Y con razón. El sicoanalista, de noche y a escondidas, seguía intentando volar como una libélula. Eso sí, sin sentimiento de culpabilidad.
Mariasun Landa
3.348 – Caja negra
Fragmento de la última conversación mantenida entre Miriam F. y Carlos M., registrado en la caja negra de su relación, hallada entre los fragmentos humeantes aún de su convivencia.
Necesito un poco de aire. Dejar de vernos, unos días sólo. No puedo respirar, entro en casa y tengo que abrir las ventanas porque siento que me ahogo… (Ininteligible) No es que ya no te quiera, yo te quiero. Te quiero, pero a lo mejor no de la forma que tú necesitas. (Ruidos, palabras inconexas) Si tú no me dices lo que te pasa cómo quieres que yo lo sepa. Qué soy yo. ¿Adivina? (Ininteligible) ¿Pero tú estás enamorado de mí? Que me quieres ya lo sé, al perro lo quieres también, yo no te estoy preguntando eso, te estoy preguntando si estás enamorado. (Ininteligible) No está funcionando el… (Ininteligible) A mí eso ya no me sirve, Carlos. No me sirve. Llevamos diez años así, diciendo el lunes cambia todo, y el lunes sigue siendo todo la misma mierda de siempre. (Se escuchan gritos y alguna observación confusa, seguida de llantos) Y qué es el amor, ¿tú lo sabes? Porque yo no lo sé. Yo no lo sé. Ni creo que tú lo sepas tampoco. (Suena un teléfono, sollozos) ¿Cuánto hace que no follamos? Digo entre nosotros. ¿Un año? (Ininteligible) Qué tiene que ver Rafa con esto. Deja a Rafa fuera, han pasado ya seis años, ¿tienes que sacarlo a Rafa a pasear cada vez que discutimos? (Llantos y gritos. Ininteligible) Hay otra persona en el radar. (Ininteligible) Qué se espera de mí, qué… (Ininteligible) Sigue. Sigue. Ahora estás hablando claro. (Ininteligible) Y qué hago yo ahora. Di. Qué coño hago yo ahora. (Gritos y llantos, seguidos de un fuerte estruendo. Silencio.)
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
3.347 – Un cuento
Al fin se representaría la obra y le dieron el papel que deseaba; el papel de Aurelia la Loca. Era breve, pero maravilloso y ella podía sacarle todo el partido que fuera preciso. ¡Vaya que sí lo haría! Ahí estaba su oportunidad, la que tanto había soñado; una loca graciosa, simpática y romántica; le quedaba como hecho a su medida. Memorizaría su parlamento hasta el máximo, para que brotaran las palabras ágiles, sin el más leve titubeo, ni la menor vacilación. ¿Lo demás? Sonrió en su interior; sabía que lo podía hacer. ¡Y cómo lo podía hacer! Sobre todo “las dementes” le salían como a nadie, eran su punto fuerte y la admiración de sus maestros de arte dramático, hipnotizaba al espectador, llevándolo hasta donde ella quería. ¡El triunfo estaba en sus manos! ¡Realizaría sus sueños! Sentía impulsos de brincar, de gritar, de reír; pero tenía que controlarse, no era cosa de dejar traslucir sus emociones, como cualquier novata. Pero estaba radiante. Dio las buenas noches al director, sonrió a sus compañeros; la felicidad erguía su cuerpo y se le escapaba por los ojos y por los labios. Se dirigió a la puerta de salida; intentó varias veces abrirla, pero fue en vano, se encontraba cerrada con llave. Se volvió, dio algunos pasos y… sus cabellos se erizaron y con los ojos fuera de las órbitas, cayó desplomada. El cuarto estaba vacío.
Ana María Espinoza Monteverde
3.346 – Arañas y mariposas, 8
Era muy hermosa, pero sólo le interesaban las flores. Harta de rechazar admiradores, se casó. Enviudó joven, y volvió a casarse. Cuando envejeció, casada por cuarta vez, descubrió que tenía arrugas y que ya no le molestaban los hombres. Entonces dejó de matarlos. El guano era, al fin y al cabo, mejor abono.

