1.544 – El último adiós

2003 Sundance Film Festival - "Mondays in the Sun" - Portraits Frente al cementerio municipal de la Ciudad de Guatemala hay un bar pequeño y luminoso, llamado El Ultimo Adiós. En él se reúnen los deudos de los fallecidos a tomar un trago tras el sepelio.
Y celebran las virtudes que el difunto nunca tuvo, recordando con emoción anécdotas y viajes compartidos, extraordinarias hazañas que jamás sucedieron. De cuando en cuando, apoyados en el mostrador, rezan todos juntos un responso por su alma.
A menudo coinciden en El último Adiós diferentes cortejos. Los allegados de uno y otro muerto compiten en tales ocasiones en llanto y afectación como barras de hinchas vociferantes, buscando con sus oraciones acallar las del sepelio contrario.
Allí son frecuentes las peleas a botellazos, los romances de una noche, las lágrimas y el luto, pero también los cánticos, el amor, los besos.
Los solteros más competentes de la ciudad, avisados, frecuentan El Ultimo Adiós. Saben que en él las viudas bajan la guardia como boxeadores a punto de ser noqueados, porque el dolor relaja las costumbres y la mejor manera de olvidar la muerte se esconde a menudo bajo las faldas de la vida.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

1.543 – Todos somos tú

eduardo galeano34 En el año 2001*, resultó sorprendente el partido de fútbol entre los equipos de Treviso y Génova.
Un jugador del Treviso, Akeem Omolade, africano de Nigeria, recibía frecuentes silbidos y rugidos burlones y cantitos racistas en los estadios italianos.
Pero en el día de hoy, hubo silencio. Los otros diez jugadores del Treviso jugaron el partido con las caras pintadas de negro.

Eduardo Galeano
Los hijos de los días  –  Siglo XXI – 2012

* 21 de junio de 2001

1.542 – Este libro no existe

Eduardo Berti 2 Un hombre sueña que escribe un libro. Cosa curiosa, el sueño le alcanza para sentarse y escribir de un tirón una corta novela de un centenar de páginas, a la que titula Este libro no existe. El hombre se despierta tras acabar la escritura, aún reconoce el hormigueo del bolígrafo en la yema de los dedos, se lava los dientes y la cara, se viste para dirigirse a su trabajo y en la librería Cervantes, que visita a menudo porque le queda de paso, entre las novedades que se exponen sobre una mesa cuadrada encuentra un libro que en la tapa no sólo lleva su nombre y apellido sino el mismo título de aquel que escribió mientras soñaba. El hombre compra el libro y lo lleva al trabajo. Pocas horas más tarde, ya en su casa, cena a toda prisa con el fin de leerlo metido en la cama, pero pronto descubre que este libro nada tiene que ver con el del sueño. Más aún, el libro que ha comprado no le gusta, le resulta un melodrama intragable. Claro que lleva su apellido en la tapa y -sólo ahora lo advierte- una foto suya en la solapa, de manera que se siente responsable de su existencia en el mundo y se obliga a completar su lectura. Es muy tarde cuando apaga la luz y se queda dormido. llega el día siguiente y ningún rastro hay del libro sobre la mesa de noche, ni tampoco en la librería. «Jamás he oído mencionar esa novela»,se disculpa un vendedor. En ese mismo instante el hombre se despierta, busca en vano el libro por todas partes, se levanta, se lava los dientes y la cara, hace un corto llamado («lo siento… un dolor de cabeza… hoy no podré…»), se viste, prepara café y por fin se sienta a la mesa ovalada de la cocina, para ponerse a escribir una novela acerca de cierto hombre que escribe una novela que resulta, a la postre, opuesta a aquella que planeaba.

Eduardo Berti
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.541 – Creación y muerte de la nube

rafael perez estrada Dicen las escrituras Tantras: «En el principio fue la nube. De su transparencia nacieron dos elementos: el ángel y el pájaro, siendo aquél padre de las cosas espirituales y éste de las terrenales». La leyenda tántrica establece, partiendo de esta génesis, dos sistemas evolutivos que llegan a crear no sólo especies y subespecies, sino fenómenos de difícil explicación en lo existente. Advierte esta misma leyenda que en el último día, ángeles y pájaros volverán a ser parte de la infinita humedad de la nube.
Para Píndaro, las nubes eran solamente alimento de los dioses, y a su piedad están confiadas.
En los mandamientos vedas hay una norma que llama la atención por su rareza, que radica en la imposibilidad de transgredirla: «No matarás a las nubes». Parece que este mandamiento nace de la creencia del profeta Kervac en la evolución de las armas, y en la seguridad de que algún día una ballesta llegaría a alcanzar el cielo. Confirma esta creencia la redacción de la norma 26, que establece: «Las leyes Y mandamientos se dictarán previendo el futuro posible».

Rafael Pérez Estrada

1.540 – El abuelo y el nieto

Brueder_Grimm Había una vez un pobre muy viejo que no veía apenas, tenía el oído muy torpe y le temblaban las rodillas. Cuando estaba a la mesa, apenas podía sostener su cuchara, dejaba caer la copa en el mantel, y aun algunas veces escapar la baba. La mujer de su hijo y su mismo hijo estaban muy disgustados con él, hasta que, por último, lo dejaron en un rincón de un cuarto, donde le llevaban su escasa comida en un plato viejo de barro. El anciano lloraba con frecuencia y miraba con tristeza hacia la mesa. Un día se cayó al suelo, y se le rompió la escudilla que apenas podía sostener en sus temblorosas manos. Su nuera lo llenó de improperios a los que no se atrevió a responder, y bajó la cabeza suspirando. Le compraron por un cuarto una tarterilla de madera, en la que se le dio de comer de allí en adelante.
Algunos días después, su hijo y su nuera vieron a su niño, que tenía algunos años, muy ocupado en reunir algunos pedazos de madera que había en el suelo.
-¿Qué haces? -preguntó su padre.
-Una tartera -contestó, para dar de comer a papá y a mamá cuando sean viejos.
El marido y la mujer se miraron por un momento sin decirse una palabra. Después se echaron a llorar, volvieron a poner al abuelo a la mesa; y comió siempre con ellos, siendo tratado con la mayor amabilidad.

Hermanos Grimm

1.539 – Cómo se pescan calamares

calamar El calamar tiene ocho brazos que puede replegar sobre su cabeza: de tal modo se esconde de cualquier enemigo. Para protegerse mejor, también suelta un líquido muy negro, la famosa tinta que le sirve para ocultarse al menor peligro.
Cuando los pescadores ven que el agua se pone negra echan la red y así pescan fácilmente a los calamares.

Anónimo chino

1.538 – Un cuento corto pero pesimista

Perich Fernando Colomín descubrió hace veinte años, el secreto de la Inmortalidad. Desgraciadamente se trataba de un procedimiento muy costoso y Fernando Colomín murió antes de haber encontrado a nadie que quisiera costear su invento. Dicen que murió bastante desengañado.

Jaume Perich
Autopista. Ediciones Estela. Barcelona. 1970

1.537 – Despedida de amor en el bar

carola aikin Quizá aún la amaba cuando me desabroché la blusa allí mismo, en el bar, secretamente esperando volver a seducirla: «sólo por esta noche», susurré en su nuca de niño. Pero ella fue implacable. Ella tomó la pajita de aquel vaso pringado de nuestros besos confundidos, avergonzada sin duda, o violentada, o qué sé yo, y delante de todos la introdujo en mi pecho. Lentamente sorbió la sangre que fluía desde el corazón hasta dejarlo tan vacío. «Ya no queda nada», me dije, le dije.Y antes de morir bebí las lágrimas que caían de sus ojos voraces.

Carola Aikin
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.536 – Burbuja inmobiliaria

alejandra d o Para empezar, un dúplex fue su mayor ilusión. La pasión arriba y la cocina abajo.
Tres años más tarde, fue suficiente con una sola planta.
Al colmarse el salón de juegos infantiles, se adosaron a un chalet.
Cumplido el ciclo, los hijos desplegaron las alas. Desde entonces les basta con dormir en soledades separadas.

Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de Sal.Trama Editorial 2012

1.535 – En coma

PedroHerrero La señora ha entrado en coma tras el accidente, y los médicos no quieren que su marido alimente vanas esperanzas. Sin embargo, el hombre se vuelca a fondo en intentar que su pareja recobre el contacto con la realidad. Permanece junto a ella todo el tiempo en el hospital, le habla en susurros, le explica los viajes que hicieron de novios, le canta antiguas melodías, incluso le aplica en el cuello su perfume favorito, por ver si reacciona con el aroma. Nada de eso da resultado. Un día, ordenando la ropa de su mujer en el armario de casa, descubre unas cartas de amor, remitidas al parecer por un amante secreto, escritas en un lenguaje ardiente y desenfrenado. Sintiéndose humillado, el hombre deja de visitar a su esposa durante una buena temporada. Pero al final, se arma de valor y regresa a su lado con las pruebas que demuestran que le ha sido infiel durante tantos años. Se coloca junto a ella y le lee, con voz profunda y seductora, como si él mismo las hubiera redactado, cada una de las cartas. El esfuerzo le deja tan exhausto, que acaba dormido en el sillón del familiar acompañante. Lo despierta la enfermera, horas más tarde, visiblemente alterada, para darle una muy buena noticia.

Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2009/09/en-coma.html