Debía ser del año 65,  el día que fui a llamar a Javier para que bajara conmigo a ver la guitarra que habían puesto en el escaparate de Casa Ortega. Nunca habíamos visto una tan cara. Ni tan distinta de lo que solía haber en aquella tienda, o en las manos de los suertudos que por entonces tenían una guitarra eléctrica. Por supuesto no sabíamos que era una Stratocaster, igual, exactamente igual (eso lo vi después), que las que salían en las portadas de los discos de los Shadows. Para que os hagáis una idea, el precio, por poner una escala, era el sueldo mensual de entonces, de un Ingeniero de Caminos. O sea: Inalcanzable. Claro que… tampoco mas dificil de conseguir que las ‘normales’, que costaban, en el mas desfavorable caso, la cuarta parte que aquella.
. Usábamos, para empezar, unas guitarras normalitas (‘españolas’ se llamaban) y entre Bernardo, Javier  y yo hacíamos (o intentabamos) algo como ese principio del Johnny Guitar que incluyo, y que quiero imaginar, poniendo mucha (¡mucha!) buena voluntad, que sonaría así.
. Nos arreglábamos (y teníamos suerte) con los instrumentos que en el colegio de La Salle había a disposición de los inquietos que quisieran enrolarse y presentar un ‘proyecto de conjunto’. Y turnándonos en los ensayos con el resto de usuarios, y echándole cara y ganas, conseguimos incluso que algún, sin duda bondadoso, empresario, nos llegara a pagar por actuar en un baile.
. Desde entonces, aventuras vocales aparte, siempre quise tocar estos temas instrumentales, que eran los que ‘los conjuntos’ de allí, de Palencia, tocaban, o intentaban tocar con mayor o menor acierto, en aquella época. Siempre inventando, siempre de oido y copiándonos unos a otros los acordes… Y siempre quise conseguir esos sonidos tan electrónico-siderales que se oían en los discos de los Spotnicks, y que entonces me parecían mágicos.
No teníamos guitarras, ni magnetofón, y, por no tener, ni teníamos tocadiscos. Claro que tampoco sabíamos tocar, pero esa era otra cosa.
. Ahora ya, podemos grabar en casa y hasta suena casi bien. Seguimos sin saber tocar, pero tenemos Stratocaster, e incluso tocadiscos.
Y artrosis.
Y un montón de buenos amigos, a los que va dedicado esto.

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