945 – El reglamento

 Llevaban casados tres años y pasaban estrecheces económicas. Es por ello que, cuando en su empresa convinieron en admitir a diez nuevas secretarias, se lo dijo a su mujer. Ésta superó las pruebas de aptitud y obtuvo la plaza. Al rellenar los impresos declaró ser «soltera» y dio como domicilio el de sus padres. Estaba prohibido terminantemente en la empresa que trabajaran marido y mujer. Todo fue bien. Se ignoraban mutuamente cuando se veían en los pasillos y despachos y se evitaban a la salida. Cada uno iba a su casa por caminos diferentes. Un día de verano no pudieron resistir la tentación y fueron sorprendidos por una compañera en el sofá de la sala de visitas, en la hora de descanso asignada para el almuerzo, en postura muy comprometedora. La empresa juzgó que la culpable era ella (él llevaba quince años en la misma, demostrando una conducta intachable) y la despidió. Él siguió en su puesto, aguantando las miradas irónicas y sonrisas maliciosas de sus compañeros y sobre todo las cartas anónimas que le dirigían a su mujer. «Tenga cuidado. Es un sinvergüenza», decía una de ellas. Y contaba lo ocurrido…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

942 – Los amantes

 Hablaban siempre de una reencarnación que les permitiría besarse en público. Murieron juntos, en un accidente, en una de sus citas clandestinas. Él reencarnó en un elefante de circo y ella en una petunia. Como la vida de las petunias es muy breve, se produjo un fuerte desfase. En la siguiente reencarnación, los dos fueron humanos, pero con sesenta y tres años de diferencia. Ella llegó a ser Papa y él una graciosa niña a la que se le permitió besar su anillo en una audiencia.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

941 – Agua maldita

 Conocemos a Nostradamus por sus profecías, que siguen siendo bestsellers en el mundo.
Ignoramos que Nostradamus fue también médico, un médico insólito, que no creía en las sanguijuelas y contra las pestes recetaba aire y agua: aire que ventila, agua que lava.
La mugre incubaba plagas; pero el agua tenía mala fama en la Europa cristiana. Salvo en el bautismo, el baño se evitaba porque daba placer y porque invitaba al pecado. En los tribunales de la Santa Inquisición, bañarse con frecuencia era prueba de herejía de Mahoma. Cuando el cristianismo se impuso en España como verdad única, la Corona mandó arrasar los muchos baños públicos que los musulmanes habían dejado, por ser fuentes de perdición.
Ningún santo ni santa había puesto nunca un pie en la bañera y entre los reyes era raro bañarse, que para eso estaban los perfumes. La reina Isabel de Castilla tenía el alma limpia, pero los historiadores discuten si se bañó dos o tres veces en toda su vida. El elegante Rey Sol de Francia, el primer hombre que usó tacones altos, se bañó una sola vez entre 1647 y 1711. Por receta médica.

Eduardo Galeano
Espejos, Una historia casi universal. Ed Siglo XXI, 2008

940 – Objetos. III, Las llaves.

 Instrumento que abre o cierra una puerta.
En plural (las llaves) hace referencia a las de casa.
Dos juegos.
Quedamos en que te pasarías a recoger tus cosas cuando yo no estuviese.
Avísame antes.
Y que luego me las dejarías encima de la mesa.

José María Cumbreño
Relatos relámpago, Editora regional de Extremadura. Mérida, 2007

939 – Secta literaria

 Nos reunimos secretamente los jueves por la noche. Encendemos cuatro velas negras, descorchamos el vino del ritual y como en una letanía leemos nuestros versos. La ceremonia alcanza su mejor momento cuando todos a la vez hundimos el cuchillo en el mismo poema ajeno. Aplastamos cada una de sus palabras con ferocidad, como si se tratara de infames termitas capaces de devorar nuestra gloria de aldea.
A veces, no siempre, también sacrificamos a algún poeta. Con su sangre regamos nuestro altar. Hacia el amanecer, limpiamos la zona sagrada. No dejamos un solo rastro. Pero no es fácil: el poeta se empecina en sonreírnos, tres días más tarde, desde las páginas del Suplemento Literario.

Orlando Van Bredam
El límite de la palabra. Ed. de Laura Pollastri. Editorial Menoscuarto 2007

938 – El curriculum circular (O como acabamos dando la razón a nuestros padres)

 El joven profesor estudió latín (quam procul negotiis), por narices, contra la opinión de sus padres. Ellos hubieran querido que estudiara idiomas, inglés, por ejemplo, que entonces se llevaba mucho. A él le encantaban los idiomas, le fascinaba su sintaxis, pero no quería ganarse la vida enseñando lenguas vivas.
Aprobó la oposición por griego (timeo Danaos), y enseñó música, francés, geografía, lengua, literatura, procesos de comunicación y un montón de asignaturas afines. Griego, lo que se dice griego, solo un año.
El joven profesor, ya no tan joven, harto de ser un humanista, acabó enseñando lengua española en un instituto español para alumnos nacidos y criados en España.
Toda la vida huyendo de los idiomas para terminar impartiendo español para extranjeros.

Pilar Galán
Relatos relámpago, Editora regional de Extremadura. Mérida, 2007

936 – Locura de amor

 Él había perdido la cabeza. Ella le entregó el corazón. Y paseaban como tantos otros. Él, incómodo con aquella víscera sangrante en las manos. Ella, ansiosa, pretendiendo adivinar su futuro en la inútil esfera degollada.

Isabel Cienfuegos
Por favor, sea breve. Ed. Páginas de espuma – 2001