Hemeroteca del 23 octubre, 2017

    Hace días que el lunes anda como loco por estar junto al sábado. Cada año ocurre lo mismo cuando llega el buen tiempo y los fines de semana se transforman en pequeñas vacaciones que alteran la rutina de los días laborables. Desde principios de mayo el lunes suele quejarse de cualquier cosa, ya sea del clima, los negocios o la quiniela de fútbol. Nunca está cómodo iniciando la semana porque, en su opinión, la gente arrastra una resaca por los excesos del sábado y del domingo. El martes y el miércoles comparten ese punto de vista, pero como reciben un eco amortiguado de esos mismos efectos no apoyan a su compañero en sus reivindicaciones. Y con el jueves es inútil pactar, ya que su posición intermedia lo hace insensible a las inquietudes de los extremos. El viernes es, por tanto, el rival a batir. La inminencia del fin de semana lo convierte en un día positivo y eso se nota en el ambiente. Así que el lunes ha propuesto al viernes cambiar su lugar en el calendario. Le ha dicho que, empezando la semana en viernes, la gente no estará de mal humor. Y el viernes se lo está pensando. No en vano, está harto de guardar las formas hasta el mediodía, para ser considerado luego como la antesala del desmadre. Aunque solo fuera por variar, le gustaría dar a todos con la puerta en las narices por descanso del personal. Por ello ha prometido al lunes que estudiará a fondo su propuesta, y que ya le dirá algo el día menos pensado.

Pedro Herrero
Los días hábiles. Serial Ediciones. 2016

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