Hemeroteca de la sección “René Avilés Fabila”

  El tirano subió las escalerillas del avión; una orquesta militar interpretaba el himno nacional: generales, ministros y banqueros, con lágrimas en los ojos y enseñas patrias en las manos, lo cantaban.
El tirano se detuvo a contemplar el patriótico espectáculo. También él lloraba. A lo lejos se escuchaban disparos y exclamaciones libertarias. Cuando la música hubo concluido, el tirano quiso dirigirse por última vez a los suyos y con voz de Júpiter tonante y acentos oratorios de plazuela, en pose heroica, dijo:
—¡Sálvese el que pueda! —antes de abordar apresuradamente el avión.

René Avilés Fabila

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  Al despertar Franz Kafka una mañana, tras un sueño intranquilo, se dirigió hacia el espejo y horrorizado pudo comprobar que:
.   a, seguía siendo Kafka.
.   b, no estaba convertido en un monstruoso insecto.
.   c, su figura era todavía humana.
Seleccione el final que más le agrade marcándolo con una equis.

René Avilés Fabila

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Rene Aviles Fabila 2  La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa así desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único de su repertorio.
Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando el fin de semana van a visitarla.

René Avilés Fabila
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

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Rene Aviles Fabila 2  Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.

René Avilés Fabila

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Rene Aviles Fabila 2  Alicia dijo que lo amaba como a nadie. Hicieron el amor en una infinita y suave dulzura, con tiernas caricias. Pero aquélla era la última ocasión que estaban juntos. Ella partía al día siguiente. Al concluir, Alicia habló: No puedo dejarte aquí, tienes qué venir conmigo. Es lo que más deseo en el mundo y sé que tú también lo quieres. ¿Cómo iré contigo?, preguntó emocionado su amante. Ya lo sabrás, repuso la mujer. Fue hasta un maletín y extrajo un bisturí; con la habilidad de un cirujano fue cortando cada uno de los miembros de su compañero. Cuando hubo terminado los colocó cuidadosamente dentro de su equipaje. De ese modo, Alicia regresó a su patria. Para fortuna suya en la aduana no revisaron sus maletas. Al llegar a casa, con impaciencia, sacó las partes de su amado y las cosió. Una vez completo, le dijo: ahora sí ya estamos juntos para siempre, nada podrá separarnos, y lo besó con todo el amor que le era posible.

René Avilés Fabila

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Rene Aviles Fabila 2  Fue descubierto en plena infidelidad por su esposa (¡Y en mi propia casa, canalla!), pero no se preocupó mayor cosa: simplemente —recordando al viejo Einstein— avanzó a tal velocidad, a la de la luz, que regresó al punto anterior a la vista de su amante. Sin embargo, tuvo la sensación de que no había hecho el amor: comenzó a acariciar a la hermosa mujer y el pasado se reprodujo. Una vez que se amaron la esposa apareció en la recámara. De nuevo no tuvo más salida que moverse rápidamente y reinició el adulterio. Otra vez quiso evitar el terrible encuentro y fue imposible. Así quedó atrapado (condenado) dentro de un incómodo e infinito círculo vicioso. Todo por no aceptar la escenita de los celos.

René Avilés Fabila

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Rene Aviles Fabila 2  Nada más falso que Ulises, luego de su penosa y complicada travesía de retorno a Ítaca, haya sido recibido por su fiel esposa. Había muerto. A fuerza de tejer y destejer, de bordar y desbordar, en espera de su amado, Penélope se convirtió en una suprema artista. De sus manos brotaban prendas que se ajustaban a los cuerpos de modo mágico y tapices con las más bellas escenas sobre las deidades griegas. Tejió en lana y seda, en finos linos y suaves telas, ropajes hasta para sus pretendientes. Ello desató el odio de Aracne, quien valiéndose de su figura de araña pudo llegar hasta las habitaciones de Penélope y picarla mortalmente en un brazo. Al parecer, todos han olvidado que Atenea, en su justificada ira para castigar a la irreverente muchacha, la convirtió con jugo de acónito en araña y al hacerlo no consideró que también le daba un mortal veneno y dejaba intactos su egoísmo y envidia
Ulises lloró la muerte de su esposa, pero de inmediato, para hallar consuelo, hizo traer a Circe, la hechicera que había amado durante su ruta de regreso a casa y cuya belleza aún lo subyugaba. Habrá que añadir que Circe detestaba tejer y bordar. Era sumamente sensual y su especialidad era la cocina.

Rená Avilés Fabila
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

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Rene Aviles Fabila 2  En esta jaula viven los antiguos compañeros de Baco. ¡Vaya festividad! Todo es danzar, beber y tocar instrumentos musicales (pulsan las liras y de las flautas nacen como arabescos notas armoniosas y provocativamente sensuales). En ocasiones, a falta de ninfas, los sátiros gozan solitarios y ensimismados ante la multitud absorta.
Parece-que no extrañan su libertad; mejor aún, se diría qué nunca la conocieron. Su constante bacanal produce envidias en cuantos la contemplan (en particular a solteronas beatas). Se ha dado el caso de entusiastas que mirando los juegos eróticos, permanecen frente a la jaula por semanas, cada vez más tristes a causa de no estar en ella, languidecen y ahí mismo mueren; lo que no mengua el jolgorio;
un cadáver le procura mayor intensidad.
Los rígidos guardias que rodean la jaula tienen la misión de impedir que el público acepte invitaciones de los sátiros. No los culpen:
obedecen órdenes. Vean ustedes el letrero puesto por la empresa del lugar y en el que pese a su decoloración todavía puede leerse:
ESTRICTAMENTE PROHIBIDO PARTICIPAR EN LA JUERGA Y EMBORRACHARSE CON LOS RESIDENTES DE ESTA JAULA.

René Avilés Fabila
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

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Rene Aviles Fabila 2  El crimen perfecto —dijo a la concurrencia el escritor de novelas policíacas— es aquel donde no hay a quien perseguir,  donde el culpable queda sin castigo; es, desde luego, el suicidio.

René Avilés Fabila

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Rene Aviles Fabila 2  Rubén Bonifaz Nuño y yo formamos la pareja perfecta: siempre vamos juntos con hermosas damas y lo que uno no puede el otro lo intenta.

René Avilés Fabila

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